Y entonces me sentí estafado…

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Han pasado ya muchos años desde que, por azar de la vida, me topé con algo que, hasta entonces, había desconocido y me parecía casi increíble: Salamanca históricamente era parte de la Región Leonesa.

Hasta ese momento, ese imberbe muchacho que era yo, había interiorizado los dogmas conscientemente difundidos en prensa, o en los propios panfletos oficiales de la Diputación o la Junta, en que se tildaba a Salamanca como ciudad o provincia “castellana”.

De nada parecía haber valido el crecer desayunando sobre el viejo hule de la abuela en el pueblo, que recogía la división en regiones históricas e incluía a Salamanca, junto a León y Zamora, dentro de la región de León.

Tampoco había surtido demasiado efecto aquella respuesta recibida cuando, en una ocasión, le dije a mi madre “tú que eres de Castilla” y ella me respondió con un “yo estudié que Salamanca era León”. He de reconocer que esa respuesta, siendo aún niño, no era capaz de entenderla, pues para mí León era sólo una provincia, y ni imaginaba siquiera que pudiese ser región o que hubiese llegado a ser el reino más importante de la Hispania medieval en la Alta Edad Media, pues mis libros del ‘cole’ no recogían nada de eso.

Sin embargo, todo cambió, en primero de Bachillerato. Yo entonces me hallaba en el instituto Miguel de Unamuno de Vitoria (Álava), donde no era precisamente el único procedente de Salamanca, llegando a tener compañeros en clase cuyas raíces se anclaban en Navales, Monsagro, Malpartida, Macotera,… Y había cosas que delataban ser paisanos. Así, el primer día de clase el de Navales, sin conocerme, me preguntó: “tu eres de Salamanca, ¿no?”, a lo que siguió mi respuesta “sí, ¿por?”. La respuesta rotunda: “Por el ‘pahí’”.

Entonces, aún no me preguntaba a mí mismo el posible origen de esa expresión, pero unos meses después un mapa lingüístico de España me hizo plantearme bastantes cosas. En él se dibujaban las lenguas oficiales así como los denominados “dialectos históricos”, que eran el leonés y el aragonés.

Yo nunca había oído hablar de eso del “leonés”, pero el caso es que mi pueblo se situaba junto a la línea en que acababa de dibujarse éste, y que incluía el oeste de Las Arribes. ¿Qué era eso del leonés? En el libro venían unos pequeños ejemplos de cada lengua española, y vi que los que daban del leonés me eran muy cercanos, hasta el punto de que casi todas las expresiones o palabras que se recogían se usaban en mi casa o se las había oído a los mayores de mi pueblo.

Extrañado, con un ordenador e internet, que entonces eran inventos relativamente nuevos para una casa normal, al llegar a casa me puse a buscar qué era eso que el libro describía como “leonés o bable”. Y me topé con varios textos que recogían algunas palabras que se usaban en mi pueblo. No pude evitar llamar a mi madre y comentarle todo aquello y enseñarle esos textos que había visto en internet. Para sorpresa mía, las palabras conocidas por ella eran muchas más, y su conclusión fue tan concisa como clara “Entonces el abuelo no hablaba mal, hablaba otro idioma”.

Después de todo eso, mi visión de Salamanca empezó a cambiar, quería saber el por qué de que se usasen palabras del “leonés” en mi pueblo, que era salmantino, y cargado de conciencia crítica empecé a replantearme los dogmas que tenía asumidos, y a buscar información, leer, leer y más leer.

Y acabé girando mi mirada hacia la historia, y ahí estaban las respuestas a este hecho. Resultaba que mi pueblo, Guadramiro, tomaba su nombre precisamente de un rey de León, Ramiro II, que a su vez había reconquistado y repoblado Salamanca y Ledesma entre otras localidades. Es más, mi pueblo había pasado a formar parte entonces, en pleno siglo X, del Reino de León, un reino del que yo, hasta ese momento, no había oído hablar.

También gracias a la lectura acabé enterándome de que los reyes que dieron fueros a Salamanca o fundado su Universidad, eran reyes de León, hecho que yo, al haber leído en panfletos turísticos o del estilo sus nombres simplemente como “Alfonso VI” y “Alfonso IX”, los atribuía a Castilla por simple creencia, pues ni imaginaba la existencia de un reino de León.

Y entonces me sentí estafado, pues buscando corroborar todo esto, comprobé que la propia Enciclopedia Álvarez de la que estudió mi madre también recogía a Salamanca como una provincia leonesa. Mi sensación de haber sido engañado se convirtió en un ¿Por qué me han ocultado en los libros del ‘cole’ o en los panfletos turísticos que cogemos al visitar monumentos todo esto? Es más, ¿Por qué se tiraba de frases que aludían a Salamanca como “castellana” en ellos si no lo había sido nunca?

Y ciertamente, ni entendí esa actitud entonces, ni la entiendo ahora. Y he de reconocer que al principio, después de ese descubrimiento, me quería aferrar a no “soltar” del todo esa filiación a Castilla, llegué a querer una autonomía en que ambas regiones estuviesen juntas, pero con el tiempo ese deseo acabó viéndose superado por la realidad de que, o eres leonés, o eres castellano, pero no puedes ser las dos cosas a la vez, del mismo modo que no se puede ser alto y bajo al mismo tiempo, o pera y manzana.

De esta manera, comencé a pensar que no había razón para avergonzarse de ser leonés, y que si ésta era una región histórica y antiguo reino, debía estar en igualdad de condiciones con el resto de regiones de España. La pregunta pasó a ser un simple: ¿Por qué no?

Así, en mi caso, el tiempo acabó resituando las cosas y, desde hace años, ese Reino de León del que desconocía su existencia se ganó mi corazón, y hoy puedo decir que estoy muy orgulloso del mismo, y de que Salamanca sea una provincia leonesa, aunque me apena profundamente que muchos de mis paisanos renieguen de la raíz histórica y cultural de Salamanca por el simple hecho de que el nombre de ese viejo reino, coincida con el de una provincia o ciudad, algo que también le ocurre al País Valenciano, o a Estados como Méjico o Andorra.

Gracias a la lectura pude ver todo de otra forma y conocer mejor la realidad histórica de Salamanca. Y hoy se lo agradezco a todos aquellos libros y escritos que me permitieron hacerlo. Para que luego digan que no es importante la lectura…

Carlos Javier Salgado Fuentes

3 Comentarios

  1. Qué buen artículo! Coincido totalmente en todo lo que dices. Yo soy leonesa de Zamora y estoy muy orgullosa de mis raíces. Qué bien nos iría a las tres provincias leonesas poder ser una autonomía propia…Es injusto lo que se ha hecho con nosotros, pisoteando nuestro idioma, nuestras raíces y nuestra cultura.
    Yo estoy muy orgullosa de ser leonesa y no castellana, leonesa de Zamora!

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