Perfectos desconocidos || Crítica

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JC | LVS || 6/3/2018

La sorpresa de la última edición de los Goya era la no presencia de Perfectos Desconocidos entre las nominadas. El último filme de Alex de la Iglesia está siendo un fenómeno entre la audiencia, que en su primer fin de semana llegó a superar los 250.000 espectadores y recaudó casi 2 millones de euros. Un éxito en tan solo su primer fin de semana de mediados de diciembre, y aún continúa llenando salas a estas alturas.

Y, aquí, nos preguntamos, ¿cuál es la clave del alcance y éxito que ha conseguido tener la cinta? El primero y principal es cómo Alex de la Iglesia aborda la imperiosa necesidad que tiene la sociedad actual de estar conectada a la red y vive a través de sus dispositivos digitales. La ironía se encuentra entre el nexo de la trama y el título de la película. Llama la atención que los aparatos digitales de comunicación que podrían servir para sentir próximo a quién más lejos está, provoque que las comunicaciones más próximas puedan ser las más lejanas. Incluso alguien tan próximo como lo es tu propia pareja o un amigo íntimo de toda la vida.

Al mismo tiempo, la película consigue atraer al espectador por la importancia de preservar la intimidad. El desarrollo de la cinta y los diversos sucesos van revelando los secretos más personales de cada uno de los protagonistas, llevándolos a tensiones y conflictos mayores sin vuelta atrás, hasta el punto de que la comedia desaparece paulatinamente y nos encontramos un escenario totalmente adverso e incluso el drama más puro. La actuación grupal es fantástica, la química de los siete actores que componen el elenco protagonista (Belén Rueda, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Eduardo Noriega, Dafne Fernández y Pepón Nieto) provoca en el espectador que la película no se perciba como individualidades, sino como un actor colectivo. Los diálogos que se generan entre los protagonistas abordan diversos problemas sociales desde una perspectiva personal que pueden ser un tema tabú, como es la desigualdad socioeconómica.

Estamos ante uno de los mejores trabajos de Alex de la Iglesia por la técnica audiovisual, el reparto de actores o la transición de la comedia y el drama gradualmente. Aun así, la excelencia no la consigue por ninguno de estos factores sino por llevar al espectador a plantearse su relación con los dispositivos digitales y sus conexiones. Más allá de la privacidad, la cinta abre muchas cuestiones que creíamos que ya superadas y, realmente, siguen presentes en nuestra vida social. Las redes sociales y las plataformas de comunicación no nos permiten ver lo lejos que tenemos a una persona cercana y nos hacen ignorar nuestra realidad más próxima.

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