El diálogo como bandera

0
496
6/12/2017 || Redacción LVS || El análisis de Juan Cortés

Hoy es 6 de diciembre. Y como todos los años, desde 1978, es un día festivo en el que se celebra que el pueblo español refrendó en votación el texto propuesto por representantes de algunas fuerzas políticas de la transición. Ya son casi 40 años, aniversario que se celebrará el año que viene, de aquella Constitución que surgió de las elecciones de 1977. No obstante, existe en la atmósfera política un clima imperante de reforma de la norma suprema del ordenamiento jurídico español; la pregunta que muchos se plantean es: ¿Qué se quiere reformar? Y, a raíz de las posibles respuestas a esta primera pregunta, surgiría el siguiente interrogante: ¿Por qué?

Existe un debate público en la sociedad sobre la imperiosa necesidad de reformar la Constitución y adaptarla a los tiempos actuales, especialmente convulsos por el conflicto catalán, que las próximas elecciones del 21 de diciembre no va a solucionar. No puede ser que en esos casi 40 años, la Constitución sólo se haya reformado en dos ocasiones. La primera en 1993 para adaptar los acuerdos del Tratado de Maastricht a nuestra legislación y, de esta manera, que las personas comunitarias no españolas tuvieran derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales y europeas. La segunda, cuando por mandato de Bruselas se decidió implantar el techo de gasto reformando el artículo 135, defendido tanto por el PP como por el PSOE, como se acuerdan muchos españoles.

Sin entrar a valorar estas dos reformas en sí (porque darían para otro capítulo) y sin calificarlas de correctas o incorrectas, cabe cuestionar la procedencia del mandato. Ambas reformas no provienen de la soberanía nacional, que reside en el pueblo español como recoge la Constitución, sino de un ente supranacional donde España tiene una representación reducida por el número de países que componen la UE y en el que el peso que tienen muchos otros países es mayor que el de España. Entonces, ahora que existe un deseo de reforma por parte de la ciudadanía española, sería positivo que se produjera un debate público enfocado a las dos preguntas iniciales.

Hoy, día de alfombra roja en el Congreso y pasando los diferentes diputados y senadores por la cámara baja, se debería de plantear cuál es la Constitución que ha de plasmar la realidad política y social actual. Especialmente, porque una de las premisas del derecho es que la legislación se amolde a las necesidades del momento. Todas aquellas personas que tienen de 57 años hacia abajo no participaron en la votación de aquel día hace ya 39 años. Sería bueno escuchar a todas esas personas qué modelo social de vertebración del Estado quieren o qué nuevos derechos y libertades se deberían añadir a la norma suprema. Si se pretende reformar la carta magna se debería producir una interacción entre todas las personas que componen la sociedad española, sin excluir a nadie, y enarbolar la bandera del diálogo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here