El legado que nos ha dejado el 15-M

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18/5/2018 || El análisis de Juan Cortés

Este martes hace siete años que empezó la mayor movilización que tuvo España en sus 40 años de democracia. La gente se congregó durante varias semanas en las plazas de sus municipios. Los antecedentes son de sobra conocidos por toda la ciudadanía: el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero estaba desgastado por la crisis económica y por los recortes que había aplicado, y el clima de tensión sociopolítico en el que se encontraba toda España era irrespirable. Sin lugar a duda, la sociedad española tenía un gran descontento con su clase política; de ahí, sus dos famosas premisas: “No nos representan” y “Democracia real ¡Ya!”.

Numerosos escritos académicos del ámbito de la sociología y la ciencia política han intentado adivinar o dilucidar las consecuencias sociales y políticas que ha tenido este movimiento en la sociedad española. Algunos de manera empírica, otros de manera teórica. Lo que sí es cierto es que el fenómeno del 15-M ha sido el principio de un cambio sociopolítico en España que se va materializando lentamente y la pregunta es si se va a consolidar en algún momento. En las próximas líneas intentaré expresar, según mi parecer, lo que creo que son las principales aportaciones del 15-M.

El 15-M ha sido el estallido de un malestar social y desafección política, pero sólo fue el principio. La desafección política no hace referencia a la clase política que tiene cargos públicos, sino a actores sociales como los sindicatos tradicionales y mayoritarios también. Los sindicatos no representaban o no luchaban por hacer justicia social entre la ciudadanía, no eran representativos tampoco. Por eso, uno de los grandes logros del 15-M es que la sociedad civil se organizara por sectores reclamando aquello que no hacían los sindicatos. Las demandas sociales existían debido en gran medida a los recortes, pero los actores sociales no eran los mejores para canalizarlas. Así es cómo comenzaron a surgir las diversas mareas como la blanca (sanidad), la verde (educación) o, la más reciente, la marrón (pensiones).

Por otro lado, ha generado algunos nuevos valores o ideas más propias al contexto actual. Así es como en España surge el ciudadanismo, cuyo máximo exponente es Podemos, sus confluencias y las candidaturas municipalistas de 2015. De esta manera, la representación política conseguida por estos nuevos actores político-institucionales permite poner en la agenda política diversos temas que ya se trataban en las asambleas del 15-M, como medidas de transparencia y buen gobierno o la reforma del sistema electoral. El cambio de valores en la sociedad y su politización ha permitido un cierto debate público en algunos de estos aspectos. Incluso ha obligado a otros actores políticos tradicionales replantearse ciertas ideas como las primarias en el PSOE o la posición sobre el matrimonio igualitario del PP.

No obstante, el antropólogo Manuel Delgado en su libro Ciudadanismo (Catarata, 2016) comenta como estas nuevas plataformas pueden abrir un abanico de posibilidades a históricas formaciones sociales y políticas de revitalizarse y mantenerse en el juego sociopolítico sin cambiar sus ideas a pesar de que ha cambiado radicalmente la sociedad y la política. Puede que esta sea una de las razones por las que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Es por esto que comentaba antes que el 15-M se materializa lentamente y sí se consolidará. Por tanto, el 15-M sólo fue el inicio, nos descubrió un nuevo camino político lo que aún no sabemos es cuándo terminará y cuál será su final.

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