En busca de la discordia

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Redacción LVS || El análisis de Juan Cortés || 14/12/2017

La polémica está servida. Fue la noticia del lunes: la devolución de los bienes cultural-artísticos de Sijena que estaban en el museo de Lleida. Claramente, el revuelo se ha dado por la encrucijada en la que se encuentra Cataluña con la aplicación del artículo 155 y en medio de la campaña electoral. Seguramente, muchas personas habrán pensado que esto es consecuencia de la aplicación del 155, aunque si lo conjugamos con la segunda parte de la situación en Cataluña sería una torpeza político-electoral del Partido Popular. No obstante, el entramado de esta operación es mucho más profundo de lo que nos imaginamos y no tiene que ver únicamente con los factores mencionados.

Algunas pinceladas de este conflicto las han recogido varios medios; Fernando Berlín en su programa del martes La Cafetera hizo un análisis muy acertado. Las obras de arte de Sijena fueron vendidas por las monjas del monasterio de Santa María de Villanueva de la Sijena a la Generalitat de Cataluña a principios de los ochenta. Algunos apuntan que la forma de la compraventa fue fraudulenta, ya que el Gobierno de Aragón no pudo participar en la subasta y fue el acuerdo entre la Orden y la Generalitat. Desde entonces, existe una reclamación histórica de los bienes desde los años ochenta promovida por plataformas de la sociedad civil y el Ayuntamiento de Villanueva de la Sijena. Por tanto, se procedió judicialmente y se ha dictado una sentencia al respecto a favor de la devolución de las piezas no hace muchos años, comenzando en consecuencia los trámites de traslado. El año pasado ya se devolvió parte de la colección; las piezas que no se habían devuelto estaban expuestas. Esas que ahora sí que se han devuelto. No obstante, la resolución no es definitiva, ya que el litigio continúa porque hay recursos planteados en el Juzgado de Primera Instancia de Huesca, es decir, a pesar de este traslado podría haber otro de regreso de estas últimas piezas.

Ahora bien, la pregunta que se hace todo el mundo es si era oportuno en este momento. Durante este periodo, el ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, que también es responsable de Cultura en Cataluña, ha ordenado la devolución del resto de obras debido a la orden judicial sin tener en cuenta que no hay sentencia firme, según alega la Generalitat. Según revelaba Fernando Berlín, el epicentro de la polémica se encuentra en “por qué esas obras”. Las obras tienen un alto valor artístico y, por ende, económico que serán devueltas a la Orden de San Juan de Dios en el monasterio de Sijena, cuyo vicepresidente, Pedro Méndez de Vigo, es el hermano del ministro de cultura y actual responsable de cultura en Cataluña.

Ante esta situación, el alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, ha aprovechado para buscar su minuto de gloria y decir que “hay un cierto paralelismo” con el archivo de la Guerra Civil de Salamanca. También ha reconocido que la diferencia radica en que hay una “sentencia firme” y como su compañero de partido, Méndez de Vigo, ha obviado que la batalla judicial aún no ha terminado y que puede producirse un retorno de las obras de artes al museo de Lleida. Alguien le debería explicar al alcalde que la procedencia de las obras de arte es de Aragón, en particular del monasterio de Sijena; en cambio, los papeles del Archivo no son de Salamanca. Nuestra ciudad fue únicamente sede receptora de una gran documentación, cuya procedencia era variada y plural de toda España.

Al mismo tiempo que estas personas hacen declaraciones alentando la discordia entre Autonomías, esas mismas se aprovechan de la crisis de Cataluña para hacer jugadas en interés personal. Las declaraciones de Fernández Mañueco son (mal)intencionadas y generan una mayor crispación entre los salmantinos hacia Cataluña, y su compañero de partido le hace un favor a su querido hermano. Alguien que no tiene discurso ni proyecto político, prefiere generar discordia y odio entre pueblos hermanos para conseguir sus propósitos personales. Aprovechan esa oportunidad para afligir daño contra una parte de España, país que tanto dicen defender.

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