La (e)moción de los ganadores

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El análisis de Juan Cortés || 5/6/2018

La firma del acuerdo entre PP y Ciudadanos, junto a la abstención de gran parte del PSOE, posibilitó la investidura de Mariano Rajoy; se pudo percibir cierto alivio en la ciudadanía al ver que esta legislatura ya se ponía en marcha y no se convocarían otras elecciones a corto plazo. En principio, el acuerdo se creía que daría la tan citada estabilidad que creían algunos políticos que necesitaba la ciudadanía.  Ahora, inevitablemente, nos encontramos en un escenario político nacional totalmente diferente y agitado a mitad de la legislatura que apunta a unas futuras elecciones dentro de muy poco. Además, a una gran mayoría de la ciudadanía nos sorprendió la decisión del PSOE y su celeridad para ejecutarla cuando teníamos el foco en otras cuestiones y, en concreto, en las elecciones municipales y autonómicas. El terremoto nacional y la urgencia de la necesidad han provocado que la autonómicas y municipales puedan pasar de ser las elecciones más cercanas a las más lejanas. Y eso que sólo queda un año para que se celebren.

Después de ser conocedores de la primera fase de la sentencia del caso Gürtel, la ejecutiva de Pedro Sánchez se reunió urgentemente el mismo día para tratar el tema y, al día siguiente, presentaron la moción de censura a primera hora de la mañana. No era una decisión tomada a la ligera de un día para otro, sin valorarlo o reflexionar profundamente. De hecho, el PSOE y Pedro Sánchez han debido de estar rumiándola durante mucho tiempo, especialmente desde que en más de una ocasión diferentes partidos con representación política en el Congreso han dicho que si el PSOE da el paso, ellos votarían a favor sin condiciones. Desde la fallida moción de censura que presentó Podemos, el líder de la formación morada ha remarcado en multitud de ocasiones que apoyaría una moción del PSOE y otros dirigentes políticos de otras formaciones lo han manifestado también.

Pedro Sánchez se lanzó a la piscina ante unos posibles aliados, que le han mostrado su apoyo en la moción (algunos inesperados como la abstención de Coalición Canaria) a pesar de no estar del todo conforme con él o su partido. La sentencia confirmaba lo que ya era un secreto a voces: el PP era una organización que se había financiado ilegalmente y algunos de sus más altos cargos se habían lucrado de manera ilícita. La situación político-institucional era insostenible por la gravedad de los casos y, por tanto, merecía una respuesta a la altura, ya que el propio gobierno no tenía la decencia de tomar medidas ante la sentencia. Aquí radica el éxito de la primera moción de censura. Prospera debido a la excepcionalidad del caso a pesar de que algunas de sus señorías han intentado llevar el debate por otros derroteros.

Durante esta semana no se ha dejado de pronosticar un futuro adelanto electoral. Principalmente, quienes querían instalar ese discurso en la sociedad son aquellos actores perjudicados por la moción, especialmente Ciudadanos. El PP se ha negado en todo momento a convocar los comicios adelantado su intención era agotar la legislatura viendo cómo se había extendido la idea de que son los adalides de la corrupción. Aunque ellos querían que la idea de la corrupción generalizada penetrara en la opinión pública haciéndolo extenso a otros grupos parlamentarios como PSOE, PdCat o Podemos. Las posibles elecciones adelantadas eran muy mentadas por el líder naranja, crecido con las altas expectativas demoscópicas y deslegitimando ya el actual mandato de las Cortes con su “dar voz a los españoles”. Alguien le debería explicar al señor Rivera que para elegir un nuevo gabinete no es necesario convocar elecciones, ya que España es un sistema parlamentario, en el que sólo se elige directamente a los legisladores, y éstos al gabinete.

El líder socialista ha conseguido los apoyos necesarios para ser presidente del gobierno, pero esto no se acaba aquí. Ahora se debe afrontar una etapa totalmente contraria a lo que nos acostumbra este último gobierno de Rajoy. El escenario político español espera una respuesta política a los diversos problemas que afloran como las setas. Se deberán afrontar la vertebración territorial (especialmente en Cataluña), la mejora de las pensiones, la derogación de la ley mordaza, la reforma electoral, el pacto educativo y la llamada de las mujeres a las puertas de la historia. No paran de reclamarse elecciones por parte de la fuerza que, a pesar de no comprender ninguno de los problemas anteriormente mencionados, se siente crecida demoscópicamente. Sin embargo, este es el momento del PSOE de recuperarse socialmente, buscar el apoyo de Unidos Podemos y otros aliados, tan triunfadores como para producir cambios. Así el PSOE demostraría, por un lado, una política de alianzas diferente a la que nos tenía acostumbrados últimamente; y, por otro, abrir el debate público a todos los asuntos que demandan diálogo y cambio.

 

 

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